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El consolador ha venido | David Wilkerson

Jesús llama al Espíritu Santo, "el Consolador". Una cosa es conocer al Espíritu Santo como nuestro consolador y otra, es saber cómo él nos consuela. Al comprender el cómo podremos distinguir el consuelo que proviene de la carne de aquél que procede del Espíritu.

Considere al hermano que es vencido por la soledad. El ora por el consuelo del Espíritu Santo y espera que el consuelo venga en forma de una sensación. De hecho, se lo imagina como una especie de aliento repentino del cielo, como un sedante espiritual a su alma.Este sentimiento de paz en realidad puede llegar a él, pero a la mañana siguiente ya no está. Como resultado de ello, empieza a creer que el Espíritu Santo rechazó su petición. ¡No, nunca! El Espíritu Santo no nos consuela manipulando nuestros sentimientos. Su forma de consolar es infinitamente diferente y se describe claramente en las Escrituras. No importa cuál sea el problema, prueba o necesidad, su ministerio como El Consolador se logra manifestando la verdad: "Cuando él [el Espíritu Santo] venga, él os guiará a toda verdad" (Juan 16:13).

El hecho es que nuestro consuelo emana con base en lo que sabemos y no en lo que sentimos. ¡Sólo la verdad prevalece sobre los sentimientos! Y el ministerio de consuelo del Espíritu Santo comienza con esta verdad fundamental: Dios no está enojado con usted. Él le ama.
"La esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Romanos 5:5). Aquí, el significado griego es incluso más fuerte que el sugerido en la traducción, pues señala que el amor de Dios es "derramado a borbotones" en nuestros corazones a través del Espíritu Santo.

Una carga insoportable puede ser causada por miedo, vergüenza, tristeza, aflicciones, tentaciones, o desaliento. Sin embargo, no importa cuál sea la causa, el consuelo es necesario.

De repente, usted escucha una voz que hace eco en cada rincón de su alma, es la voz del Espíritu Santo declarándole, "Nada puede separarnos del amor de Dios."

Esta verdad -una vez que usted ha creído- rápidamente se convierte en un torrente de agua viva que derriba todo obstáculo. "Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Juan 14:26, las cursivas son mías).

| David Wilkerson |
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