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Deje de Vivir Como un Mendigo - David Wilkerson

Está cansado de vivir como un mendigo cuando todo lo que necesita le ha sido provisto? Tal vez su enfoque es erróneo. ¿Tiende a hablar extensamente de sus debilidades, tentaciones y fracasos del pasado? ¿Al mirar dentro de su propio corazón lo que ve le desanima? ¿Ha permitido que la culpa se filtre en usted?


¡Amado, debe mirar a Jesús, el autor y consumador de la fe! Cuando Satanás viene y apunta a cierta debilidad en su corazón, usted tiene todo el derecho a responder: "¡Dios sabe todo de mí y aún me ama! Él me ha dado todo lo que necesito para alcanzar y mantener la victoria."
"Porque si nuestro corazón nos condena, Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todas las cosas" (1 Juan 3:20). Él sabe todo sobre usted y todavía le ama lo suficiente como para decir: "Ven y obtén todo lo que necesitas. ¡El almacén está abierto!"

Las puertas de su bodega están abiertas y sus riquezas están llenas a rebosar. Dios le está instando a: "acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:16).
¿Cuántos años ha usted estado afuera? Usted tiene un padre que ha desplegado un gran tesoro de provisión para usted, y el cual aún no ha reclamado.

La parábola del hijo pródigo nos muestra que por entrar y disfrutar del tesoro de su padre, el hijo pródigo lo obtuvo en dos sentidos. Él podía vivir su vida terrenal con el perdón abundante, la alegría, la paz y el descanso que le pertenecían, y cuando la muerte lo llevara a su herencia eterna, podría plenamente disfrutar de lo que había conocido ya en la tierra.
De hecho, el pecado más grande fue cometido por el hermano mayor, el que se quedó en casa, quien caminó obedientemente y quien nunca dejó a su padre. Sí, es un pecado perder la esencia del Padre en una vida sensual y un espíritu fuera de control, pero es un pecado aún mayor rechazar el gran amor de Dios y dejar sin reclamar los abundantes recursos que nos dio pagando un alto precio.

El hijo pródigo no fue castigado, reprochado o recordado de su pecado porque Dios no permitiría al pecado ser el foco de la restauración. Hubo verdadero arrepentimiento y dolor devoto. Ahora era momento de pasar a la mesa del banquete de la fiesta. El padre dijo al hijo mayor, "se había perdido, pero ahora está nuevamente en casa. ¡Es perdonado y es momento de alegrarse y ser feliz!"

David Wilkerson 
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